28.1.12

8

De nuevo mi corazón acelerándose a primera hora de la mañana. Otra vez quedándome dormida, siempre la misma historia, aunque esta vez un poco diferente.
Salí corriendo de casa deseando no perder el autobús, pero nada más tocar con un pie la acera se me escapaba delante de mis narices. “¡Joder!” me dije, pero aún no había perdido mi suerte, porque justo cuando me senté para atarme los cordones, otro autobús volvió a pasar, y empecé a correr como nunca con los cordones de mis zapatillas azotándome los tobillos. Exhausta, subí al autobús la última. Eché una ojeada a ver si había algún sitio libre sin obtener resultado y mis ojos se sorprendieron al ver a alguien conocido sentado al final del autobús, era Axel. Otro que últimamente se me aparece hasta en la sopa.
Al llegar, bajé corriendo del autobús mirando al suelo y llegué antes que Axel a clase. Los dos llegábamos tarde. Toqué rápido la puerta y esperé a que me abriera el profesor de matemáticas.
-¡Señorita llegas más de 10 minutos tarde y en mi clase no quiero a impuntuales como usted, váyase a jefatura a que le manden trabajo porque en mi clase no va a entrar!
-¡Pero... profe...! es que el autobús...
-¡Me da igual tu vida!¡Te pones el despertador antes pero aquí llegas puntual!- Genial, tanta carrera para nada, además el muy cascarrabias no me dejaba explicarme.
Cuando iba a cerrarme la puerta en las narices una mano interrumpió el cierre.
-Don Aurelio, ¿puedo pasar? Siento llegar tarde, pero me he quedado dormido.
-¿¡Tú también Axel!? Que te explique la señorita Ariadna las normas del centro.- Y de un portazo nos dejó a los dos fuera con cara de poker.
-Tenemos que ir a jefatura...- Le dije intentando mantener la calma.
-Te he visto en el bus esta mañana, al parecer somos vecinos- ¡Menudo cambio de tema me hizo! Eso es juego sucio.
-Ah... ¿en serio? No me extraña que hayas llegado tarde- Me hice la loca, pero se me da fatal.
-Disimulas muy mal- Me dijo entre risas
-...¿Yo? Pero...¡qué dices!
-Te estás poniendo nerviosa
-No sé de que me estás hablando- dije con una sonrisa temblorosa
-Pues que antes me has visto en el bus y has intentado evitarme
-¿Si? Pues si me has visto...¿Por qué no te has acercado a decirme algo?
-Porque me evitabas, ya te lo he dicho...
-Ese argumento no me convence
-Mi error es perdonado por el tuyo, supongo que ya estamos en paz- me dijo con una sonrisa de esas de niño creído– Me salgo a tomar un café, si quieres te invito a uno ¿vienes? - ¿“Me salgo a tomar un café”? pero este... ¿qué se ha creído, que puede salir y entrar del instituto cuando quiera? Estos nuevos no saben lo que hacen.
-No me gusta el café- Menuda respuesta más estúpida la mía
-Bueno...pues te invito a una coca-cola, luego entramos a clase, te lo prometo
-Mmm vale, pero esta vez llegamos antes
Fuimos a tomarnos algo y estuvimos toda la hora hablando pero lo único “personal” que llegué a saber de él es que vive en el edificio vecino al mío.
Nos encontramos con Clara en el pasillo que me taladró con la mirada al verme con Axel. Él al verla la besó y yo inconscientemente desvié los ojos hacia el suelo. Entré en clase pensativa y allí estaba Damián esperando noticias frescas.
-¿Qué?¿Ha pasado algo? Lo habéis hecho aposta ¿verdad?- Parecía mi abuela hablando con la vecina.
-¿A qué pregunta contesto primero? No, no ha pasado nada, y ¿el qué hemos hecho aposta?
-¡Lo de quedaros los dos fuera solos!
-Ah...no, ha sido casualidad- La clase de biología avanzaba según hablábamos del tema
-¡Las casualidades no existen cariño! ¡Estáis hechos el uno para el otro!
-Claaaaaaaaaaaaaro. Damián que Axel no me gusta...- nuestra conversación fue interrumpida por la profesora de biología anunciando las parejas de los trabajos que tendríamos que hacer para la semana que viene:
-Damián tú vas con Fernando, Ariadna tú vas con Axel...
-¿¡Qué!? Espera, profe...mira no, es que no puede ser, tiene que haber un error... no... no es posible... ¿por qué no puedo ir con una chica?
-Ariadna las parejas se han hecho por sorteo y punto, además ya eres mayorcita, que sea de otro sexo tu compañero se supone que ya os da igual a vuestra edad y aunque te importe, no pienso hacer cambios.- Lo que yo decía Axel estaba hasta en la sopa
-¿En tu casa o en la mía?- La voz de Axel sonaba por detrás de mi hombro.
-¡Qué gracioso!- se rió de mi cara de pocos amigos
-Entonces, ¿donde quieres hacer el trabajo?- Pensé una respuesta, no quería que fuéramos a casa y que viera a mi abuela y toda esa situación asique supe que contestar.
-¿Podríamos ir a la tuya?
-A las 6 en la parada del bus- Y se marchó con su sonrisa de siempre
-¡Qué sí!¡Lo que yo digo!¡Qué estáis hechos el uno para el otro!- me decía emocionado Damián mientras yo me quedaba pensativa.